3.11.13

¿Qué es cierto?

Sofía, los caminos de tu mundo se complican; empiezas a hacer que dude de todo, de todos y, sobre todo, de mí mismo. Ya no sé qué es verdad, qué merece la pena y hacia dónde tengo que ir; ¿es este tu objetivo, amada Sofía? ¿Perderme en la bruma de tu mundo? Dame al menos un poco de lluvia para poder lavar las dudas de mi piel, deja que me quede con la esencia, Sofía, líbrame del peso que me agota y déjame alcanzarte; aún ansío tu corazón.

¿Tenía razón Platón cuando dijo que lo que vemos no son más que meras sombras de la realidad?, ¿que esa realidad reside en un plano superior al nuestro, en el Mundo de las Ideas? Si es así, ¿no es la vida un triste y borroso sueño? ¿Merece la pena vivir entre la niebla, entre las sombras, a oscuras? ¿Pero cómo puede ser? Ocasionas más preguntas de las que me dejas resolver, Sofía. Sin embargo, quiero pensar que Platón se equivocaba, puesto que no podemos conocer el molde, la Idea, de algo que jamás hemos visto ni oído; ¿no estaba más bien Aristóteles en lo cierto cuando dijo que la Idea de algo la creamos nosotros mismos después de haberlo visto repetidas veces? Y en cualquier caso, ¿dónde está el sentido de todo ello? ¿Es la verdad sinónimo de felicidad? Tanto Platón como Aristóteles sí estarían de acuerdo en eso; mas ¿puedes garantizarme tú, Sofía, que a tu lado seré feliz?

El objetivo de este viaje es encontrarte a ti para encontrarte a mí mismo, pero ahora empiezo a preguntarme lo que ello conlleva; ¿y si no me gusta quién soy? ¿Y si tardo demasiado en encontrarte, Sofía, y para entonces me he hecho viejo y ciego, y no puedo disfrutar de ti? Entonces mi viaje habrá sido en vano. O puede que no.

De momento, seguiré intentando encontrarte, Sofía, pero con aflicción, pues te siento cada vez más lejana...